E N S A Y O S
© La Luciérnaga Online, 2012
Un encuentro de poesía, narraciones, arte y música
G I N G R I C H   P R O P O N E   S I S T E M A   A U T O R I T A R I O
Néstor Fantini
Los candidatos republicanos han dicho barbaridades, pero ninguna parece tan peligrosa    como  la declaración
de Newt Gingrich que de llegar a la Casa Blanca ignoraría alguna de las decisiones de la     Corte Suprema que
entren en conflicto con sus propuestas.

En caso de que el ex presidente de la Cámara de Representantes no se haya dado cuenta, su proposición     es
equivalente a tirarle un cañonazo mortal a la Constitución Nacional que establece un sistema de división        de
poderes en el que cada rama de gobierno, como lo indican los primeros tres artículos, debe cumplir una función
específica.

Como todo estudiante de derecho constitucional aprende en la clase más elemental, la rama judicial, siguiendo
las ideas del filósofo francés Montesquieu, es la que revisa y dictamina la constitucionalidad de las leyes aprobadas por el Congreso.  O sea que
tiene la última palabra en materia de legislación.

El presidente, contrario a lo que descabelladamente propone Gingrich, no puede ignorar legislación que ha sido aprobada por el Congreso y
convalidada por las cortes.  Al menos, por supuesto, que como ocurre en las republiquetas bananeras, se transforme en dictador e imponga su
agenda política al margen de lo que piensen las otras instituciones del estado.

Newt Gingrich no es el primero en tratar de neutralizar la función institucional clave de las cortes judiciales en la democracia estadounidense.  Uno
de los más ilustres presidentes de nuestra historia, Franklin Delano Roosevelt, intentó relativizar el poder de la Corte Suprema de Justicia
proponiendo, en 1937, que se aumentase el número de jueces en la máxima corte judicial de la nación.  

Lo que ocurría en ese difícil momento de nuestra historia es que Roosevelt se sentía impotente ante una corte que en más de una ocasión había
dictaminado en contra de programas sociales y económicos de su New Deal.   Agregando seis jueces con simpatías por sus políticas de
intervencionismo estatal, le asegurarían la aprobación necesaria para implementar estos programas que, en última instancia, buscaban sacar al
país de la Gran Depresión Económica.  

La opinión pública y hasta miembros de su mismo partido se opusieron a la propuesta de FDR porque claramente entendieron el peligro de
limitar el poder de una institución del estado por necesidades políticas contextuales.  Al final el proyecto de ley nunca fue aprobado y Roosevelt
nunca más intentó algo similar.

Evidentemente el profesor Newt Gingrich no leyó muy bien esta parte de nuestra historia porque parece inclinado a cometer el mismo error.  O aún
peor, en vez de controlar la Corte Suprema, directamente quiere anular su poder ignorando sus dictámenes, promoviendo juicios políticos contra
jueces y clausurando cortes que se opongan a su visión política.

Pero para los que conocemos a Newt, esto ya no nos sorprende.  Después de todo, estamos hablando de un líder republicano  que entre sus
logros se destaca el irresponsable cierre del gobierno federal en 1995, haber mantenido un ´affair´ mientras hipócritamente apoyaba el juicio
político contra el presidente Bill Clinton en aquellos tiempos de Mónica Lewinsky, andar gastando medio millón de dólares en tiendas como
Tiffany, cobrar $1.6 millón por aconsejar a Fannie Mae y  Freddie Mac que, para muchos de sus colegas republicanos, comparten responsabilidad
en haber contribuido al debacle del sector de bienes raíces y a la Gran Recesión Económica de los últimos años.

En la última encuesta nacional de Gallup, Newt Gingrich lidera entre los candidatos republicanos con 28% de los votos.  De finalmente imponerse,
algo que dudo, el partido republicano tendrá un candidato que está en récord apoyando la quasi destrucción del poder judicial y, por lo tanto, la
imposición de un sistema autoritario que nada tiene que ver con nuestra democracia.     
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Este artículo fue publicado en el Huffington Post y en AOL Latino, en diciembre de 2011.
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