C U E N T O S
LA   LUCIÉRNAGA
Un encuentro de poesía, narraciones y música
UN JUDÍO ERRANTE MODERNO  

Ander Frausto
DICIEMBRE 2008
© La Luciérnaga Online, 2008
Evodio  Frausto  Valera,  periodista, hombre
con un espíritu  aventurero y padre del autor,
recorrió a pie  el continente en una increíble
odisea que  lo llevó  desde   Tijuana, México,
hasta  Buenos Aires, Argentina, y que quedó
documentada  en  un diario y reportes perio-
dísticos. La primera a tercera parte del relato  
fueron publicadas  en La Luciérnaga Online  
en las ediciones de abril, mayo y noviembre
de 2008.
Cuarta  y  Última  Parte
Ander  Frausto  nació en Venezuela  y a los once años
emigró  a  México  en donde  cursó  cuatro  años en la
Escuela Nacional de Antropología e Historia, en donde
confiesa  que  le  “gustaba  más  la  biblioteca  que  la
escuela”.  Desde 1977 ha vivido intermitentemente en
EEUU y el país azteca.
Cuando llegó a Puerto Suarez , a 7 km de Corumbá,  Brasil,  
presentó sus cartas credenciales en la pequeña guarnición
del ejército y entregó la carabina prestada del ejército
nacional. En Corumbá se presentó ante las autoridades
migratorias para que lo asesoraran sobre la ruta a seguir.  
Aunque tenía visa no entendió porque le demoraron la
entrada. A los dos días hizo amistad con un oficial del ejército
y éste le aconsejó que no pidiera más permisos: con la visa
era suficiente para recorrer el país. Siguió su camino sin que
nadie lo molestase, por las vías del ferrocarril, hasta Puerto
Esperanza, entre pantanos interminables: Puente Lodario,
Pantanal K 150, Carandaasal, Salobra , Puerto Miranda,
Aquidahuana, Piraputanga, Laguna Rica, Indo, Campo
Grande, una base militar y ciudad importante. Hasta allí había
caminado varios días sobre los rieles de la vía ferroviaria bajo
fuertes temperaturas y millones de mosquitos que parecían
como chimeneas que se elevaban de los pantanos y sólo
eran soportados embadurnándose la cara y manos con barro.
Caminaba de 40 a 45 km por día para alcanzar alguna villa y
pasar la noche. En la inmensidad del tapete verde pasaba la
noche en chozas de cuidadores de ganado y algunas
“fazendas” cuyos propietarios no sabían cuantos miles de
vacunos tenían.

“El hombre de campo de Brasil es hospitalario, en el estado
de Matto Grosso los campesinos o gauchos son gente de
revolver y caballo, muy alegres, influenciados por los
paraguayos, también hablan el guaraní y toman mate
”.

Parte de este gran estado brasileño perteneció durante el
siglo XIX al Paraguay que lo perdió en la guerra de la Triple
Alianza en contra de Brasil, Argentina y Uruguay. Llegó a
Campo Grande debilitado por el paludismo recurrente, la
pobre alimentación y las malas aguas. Las autoridades
militares le proporcionaron buenos alimentos: mate, café y
una buena cama. Durmió casi 20 horas. Un día después
continuó, pasando por Tres Lagunas, río Pardo, rio Branco. En
esa área se agregó a las cuadrillas de buscadores de
diamantes, los “seringueiros”. Estos hombres lanzados a un
destino de quimeras inalcanzables eran pagados con comida
y bebidas embriagantes como la “cachaza”. Vivían en
barracas, trabajando en los ríos con viejas escafandras.
Convivió con ellos una semana. Más adelante pasó por
Andradina, Palmariso, Aracatuba, Biroguí,  Lins.  Ya en el
estado de Sao Paulo, cruzó inmensos campos cafetaleros:
como Baurú, que es entrada del ferrocarril del norte. Semana
y media después, y más de 1200 kilómetros en territorio
brasileño, llegó a Sao Paulo,  ciudad bien trazada, limpia, la
más industrial del país. Se presentó a los periódicos Sao
Paulo y Globo que escribieron interesantes notas de su viaje.
Fue agasajado con invitaciones al teatro de la ópera,
comidas, días de campo.

“Imborrables los recuerdos de esta ciudad, pasé varias
semanas que me parecieron horas de lo bien que me sentí,
de los muchos amigos que hice y la importancia que le dieron
a mi simple aventura”.

Continuó su viaje a Río de Janeiro, aproximadamente 450
kilómetros,  por la vía de ferrocarril. En la estación de Pedro II,
a unas cuantas calles del Ministerio de Guerra, sobre la
avenida Getulio Vargas, encontró un hotel barato, Dejó su
mochila y se lanzó a conocer la ciudad  “
con miedo porque no
sabía a quién ver, si iban a tomar en cuenta mi viaje “.
su embajador  por tratar de agitar a nuestros jóvenes en la
Universidad”
. Preguntó sobre las opiniones que había en los
demás países respecto al Paraguay, se habló de la guerra
con Bolivia, de la sospecha de que las cárceles estaban
llenas de disidentes políticos. Moríñigo lo invitó a que viajase
por el país y viese él mismo si era verdad. La visita duró
media hora y posteriormente  fue recibido en otras dos
ocasiones.

Durante las siguientes semanas viajó por todo el territorio.
Visitó  Fortín Junín, Fortín Boquerón. El 8 de mayo de 1945, la
radio anunciaba el final de la guerra mundial en Europa. Ese
día se reunió con un grupo de amigos  civiles y militares en
una cafetería para brindar por el acontecimiento
“pero con
tristeza fue aquel brindis ya que los presentes tenían muchas
simpatías por los alemanes”
. El 14 de mayo continuó a Villa
Rica, la colonia alemana de Ubenaos, la colonia rusa de El
Carmen- 10,000 habitantes, la mayoria emigrados después
de la primera guerra mundial y la Revolución Rusa.

Hombres y mujeres trabajaban las fértiles tierras del Alto
Paraná.
“Era bonito ver a aquellos niños rubios jugando con
los niños guaraníes. Sómos los hijos o el resultado de nuestro
tiempo, como nuestra madre tierra,  si es atendida y fertilizada
con cariño, producirá los frutos de su entraña por eso la
responsabilidad del Estado para con su sociedad y la del
hombre para con su familia, es la educación”.

Estaba al final de su recorrido por el Paraguay, llevaba bonitos
recuerdos de su gente y aunque gobernado por un dictador le
pareció que los campesinos vivían mejor que en otros paises
de latinoamérica. El 21 de mayo llegó a Encarnación. El
capitán Canata y el coronel Ibarrola, delegados de la ciudad,  
le dieron una linda bienvenida. Alguien le dijo: “
Valera, cuando
cruce el río a tierra misionera va a seguir en Paraguay .”

El 23 cruzó el Paraná a la ciudad de Posadas. Parte del
territorio de las provincias de  Formosa, Chaco, Corrientes y
Misiones perteneció a Paraguay antes de la guerra de la
Triple Alianza (1863-1865). A 25 kilómetros comenzaba la
provincia de Corrientes. Un poco más adelante estaba el
pueblo de Itusaingó. Ahí lo dejaron pasar la noche en una
barraca de la Guardia Nacional. Unas horas antes, había
ocurrido un pleito callejero en la que un paraguayo fue muerto
a puñaladas. Como el pueblo carecía de instalaciones
adecuadas y de electricidad, el mejor lugar que encontraron
para depositar el cadaver fue en la barraca. Evodio, a la luz de
una vela, buscó el mejor sitio para dormir. A  la medianoche
sintió frío y se acercó a un bulto, jaló una cobija y se
reacomodó contra el mismo. Al amanecer se sintió mojado,
se  levantó y  vio su camisa llena de sangre. Había dormido
junto a un cadáver. Nadie se lo había advertido. Enojado se
quejó a los policías pero éstos simplemente se disculparon
con muchas risas. Le dieron otras ropas y de inmediato se
marchó.

Con bronca, pasó por Itaibatá, Itaití, San Cosme, hasta llegar
a la ciudad de Corrientes, ya 397 kilómetros dentro de
territorio argentino. Cruzó de nuevo el Paraná y llegó a
Resistencia, en la provincia del Chaco, Basail y, más al sur,
se adentró en la provincia de Santa Fe: Florencia, Villa
Ocampo, Las Mercedes, Las Garzas, Reconquista, lugar en
donde tuvo su primer encuentro con grupos de vagabundos a
los cuales también llamaban  ''crotos o linyeras”. Esta
diversidad humana estaba constituida por criollos e
inmigrantes, en su mayoría europeos, que a través de los
años habían visto su vida truncada por acontecimientos
económicos o personales y se lanzaron junto a otros miles de
seres humanos a buscar fortuna en los campos agrícolas.
Acampaban en la periferia de pueblos y ciudades y viajaban
en trenes a lo largo y ancho del territorio argentino.

En los años 20, el gobernador de la provincia de Buenos
Aires, José Camilo Crotto, dictó una ley de disposición de
trenes gratuitos para el transporte de desocupados hacia los
lugares de cosecha y muchos de los jornaleros originales se
convirtieron en vagabundos. En los años 40 se operaron
transformaciones importantes en el agro que hicieron que
esta mano de obra excedente desapareciera con la rápida
industrialización de finales de la década. En esos años, en
Argentina se podía vivir sin trabajar y Evodio conoció muchos
que tenían más de 20 años sin hacerlo.

Continuó por Vera Margarita, Calchakí, La Criolla, Escalade,
Ramayón. Antes de entrar en Santa Fe, pasó la noche en el
Puente Negro, por donde pasa el tren que viene de Misiones y
va por Buenos Aires hasta Comodoro Rivadavia. Conoció a ex-
soldados alemanes de la guerra del 14, rusos profesantes de
las ideas de Bakunin, desempleados y malevos.

Al día siguiente continuó hacia Rosario. A las afueras se
levantaban los altos muros de la más grande penitenciaría
del país, La Coronda, que estaba bien custodiada por
guardias armados. También a las orillas de la ciudad estaba
el barrio de Sorrento por donde corría  un riachuelo en cuyas
laderas se levantaban chozas de cartón y lámina hechas por
aventureros crotos que ocupaban uno o dos días para
posteriormente seguir su viaje. Rosario era una bella ciudad,
tierra fértil de campos bien cultivados con miles de cabezas
de ganado que mostraban la inmensa riqueza de la nación.

Pasó por Pergamino y otras poblaciones pequeñas. Un poco
más al sur comenzó a ver la gran ciudad de Buenos Aires,
final de la aventura que había tomado 5 largos años en
realizar. Eran los últimos días de junio de 1945 cuando entró
por las vías de ferrocarril a la estación de Retiro y, mientras
caminaba, se preguntó:
“¿Qué es lo que iría a hacer? Ya no
tenía a donde ir”
. Miró a la gente apresuradamente subiendo y
bajando de los trenes. Se sentó en una banca de la estación
pensando: “
Mi entrada a Buenos Aires nadie la tomó en
cuenta, pues no era más que un vagabundo, de los miles que
allí había; aunque me distinguía de los demás por traer
conmigo, mochila, pistola, puñal, sarakoff,  botas y camisa de
caki verde, de las que en ese tiempo usaba el ejército de
México, la chamarra de cuero muy original. Esos eran mis
atuendos, pero en la estación de Retiro nadie preguntó quien
era yo”.

El viaje se terminaba, el dinero también y lo más triste, la
emoción por nuevas aventuras. Salió a la calle y encontró un
hotel en avenida Reconquista. Tuvo que pagar una semana
por adelantado, se bañó y esa misma tarde salió a conocer la
ciudad. Caminó por Florida, Maipú, Diagonal Norte y, más
adelante, sin saberlo, terminó perdido. El frio era intenso y
había poca gente en la calle. Caminó varias horas sin rumbo
fijo hasta que un italiano, repartidor de pan, lo llevó en su
carrito a su hotel a las 4 de la mañana .

Durmió más de veinticuatro horas. Los siguientes días
recorrió Buenos Aires intensamente, pero dudaba
presentarse a la prensa: ¿Qué les iba a decir? Él mismo no
sabía lo que iba a hacer. Un día se decidió. Acudió a Clarín,
La Nación y Crítica, los cuales publicaron una breve reseña
del viaje. Le preguntaron si estaba preparado para publicar un
libro, pero él no se sentía capaz de escribir, además, no tenía
dinero ni trabajo.
En la capital más grande del continente, junto a la riqueza de
la industrialización coexistía la miseria de las favelas que
coronaban los morros muy cerca del centro. Después de
recorrer la ciudad durante varios días, reunió los papeles que
lo acreditaban como corresponsal de prensa, su diario de
viaje y se presentó a los Diarios Asociados Da Noite. Solicitó
hablar con un reportero y el mismo jefe de redacción lo
atendió. Fue elogiado por su hazaña y muy pronto estableció
amistad con varios periodistas de la empresa  que, al día
siguiente, publicaron la reseña de su viaje.

Evodio aprovechó la oportunidad para pedir que lo ayudaran a
conseguir una audiencia con el presidente de Brasil. Días
más tarde, Getulio Vargas lo recibió. Tenía casi 15 años en el
poder y era muy sensible a la percepción que los países
latinoamericanos tenían acerca del Brasil. De una convicción
populista que en 1930 promovía las preocupaciones de la
clase media en una plataforma de reformismo social, se
adaptó a una posición fascista después de 1934, para
cambiar después de 1937 a lo que se denominó “Estado
Nuovo”, una suerte de capitalismo corporativo de estado, para
terminar en una liberalización de su régimen durante la
Segunda Guerra Mundial. El presidente habló sobre la
percepción de progreso y la situación de los campesinos
brasileños y mexicanos y Evodio preguntó acerca del
comunismo en Brasil y el futuro de Luis Carlos Prestes, al
cual quería conocer. El Presidente contestó que los tribunales
decidirían y que tendría oportunidad de visitarlo en la cárcel.

Después de la audiencia, un reportero de la Fuente de
Informaciones de la Presidencia le propuso que diese una
plática ante la Asociación de Periodistas de Río y a él se le
hízo fácil aceptar pensando que sería un evento informal. Al
día siguiente leyó en el periódico acerca de la conferencia en
la cual iban a tomar parte gente muy importante. “
Vi esa gran
lista de personalidades  y no supe que hacer, no estaba
preparado para tal evento, ni siquiera sabía que temas se
iban a tratar,¿ qué iba a decir? Se me cerraban las puertas
del mundo, pues de tanto pensar en el lio en que me había
metido, me enfermé. Pensé que iría a hacer el ridículo”.

Cuando fueron a recogerlo el día del evento, se excusó
diciendo que no hablaba portugués y que tenía fiebre.
“No se
preocupe”, le dijeron, “los asistentes hablan español y la
fiebre que usted padece se llama miedo, si usted ha recorrido
gran parte de este vasto continente, ya sabrá hablar de algo;
vamos que es tarde”.
Ya en la Asociación de Prensa fue
presentado a varios oradores y cuando le tocó su turno
empezó a hablar de su viaje y muy pronto a contestar
preguntas acerca de la situación política mexicana y el
problema agrario.
“Sentía que me enredaba pues no conocía
a fondo los temas, hasta que alguien me preguntó ¿que
significaba el general Villa para los mexicanos? Fue por ahí
que comencé a hablar con soltura, porque además de mis
lecturas tuve la suerte de conocer a algunos de sus “Dorados”,
de tal manera que mi relato estuvo salpicado de anécdotas
que al público presente entusiasmó”.
Al final de su
intervención, los aplausos fueron nutridos y todo el mundo lo
felicitó.

Pocos días después le comunicaron que el permiso para
visitar a Carlos Prestes había sido concedido. La entrevista
con el “caballero de la esperanza”, como se le conocía al lider
del partido comunista brasileño fue breve ya que, por esos
días, se encontraba muy enfermo. Aún así recordó su Marcha
de la Esperanza que había llevado a cabo años atrás por el
interior brasileño, preguntó por México y le deseó suerte en su
viaje.

Antes de dejar Río pidió a sus amigos periodistas que
publicasen algo acerca de la situación de Carlos Meyer en
Bolivia y posteriormente  así lo hicieron. Dos años después,
éste fue liberado  pero su destino resultó trágico ya que “la
cuenta pendiente” que tenía en su vida  fue el intento de
asesinato de Enrique Hertzog, en aquel entonces presidente
de Bolivia. Meyer fue abatido a balazos por la Guardia
Nacional.

Terminada su estancia, regresó por donde había venido.
Tomó el tren hasta Puerto Esperanza; desde este punto, el
plan era entrar por el norte a la república de Paraguay.
Caminó dos días y medio hasta Puerto Murtinho. Allí se sintió
mal, la fiebre lo volvía a afectar. Un médico le dijo que en las
condiciones en que estaba no podía continuar. Le ordenó
descansar dos días. Al tercer dia se embarcó, recorriendo por
el río Paraguay los 350 kilómetros que restaban hasta la
capital. Pasó por Puerto Sastre, Puerto Piñasco, Concepción,
Pedro Juan Caballero y otras poblaciones. En Asunción,
después de ver a un doctor que le recetó medicinas y varios
días de descanso, se dirigió a la embajada de México. La
encontró cerrada, pero personal de limpieza le dijo que hacía
una semana el embajador había abandonado el país y los
asuntos de México estaban a cargo de la embajada brasileña.
Allí se dirigió a pedir informes y éstos le ratificaron lo que ya
sabía, pero enfatizando que su visa éra válida y que él se
encontraba legalmente en el territorio. Preocupado, se retiró
con la intención de abandonar lo antes posible Paraguay,
pero antes quizo visitar dos diarios importantes de Asunción:
El País y El Paraguayo. Rindió su informe de viaje y comunicó
su intención de partir al día siguiente hacia Clorinda, ciudad
argentina sobre el banco oeste del Pilcomayo. El jefe de
redacción le dijo:
“¿Qué prisa tiene Valera? El que no haya
relaciones diplomáticas entre nuestros países es algo
pasajero. Además, aquí se les tiene mucho afecto a los
mexicanos”
. Decidió quedarse unos días más y esos días se
convirtieron en semanas por las muestras de afecto que
recibió. Su anfitrión, el jefe de redacción de El Paraguayo,
consiguió una audiencia con el Presidente de la República.

A principios de mayo de 1945, Higinio Moríñigo lo recibió. Le
comentó que era un gran admirador de la Revolución
Mexicana y que en Paraguay se quería mucho a los
mexicanos
“aunque hallamos tenido que pedir el cambio de
Inconforme con su vida y su situación, se dedicó por casi seis
meses a viajar en los trenes de carga con los “crotos”,
rodando de un lado a otro en el vasto territorio argentino.
Viajar por viajar, sin ir a un punto fijo, sin contar las horas ni
los días. Convivió con argentinos, italianos, alemanes,
polacos, rusos, españoles; durmió bajo los puentes; juntó
leña para fogatas; aprendió a preparar el mate;
“a pasarla mal
con ellos, para mí no fué un sacrificio, al contrario, sino algo
importante para poder más tarde recordar”.

Recorrió gran parte de La Pampa; al sur, hasta Chubut, las
provincias cuyanas; y al norte, hasta Salta. De vez en cuando
se escapaba para ir a trabajar en los cortes de uva en
Mendoza y San Juan. De regreso en Buenos Aires consiguió
trabajo en un deshuesadero de automóviles.. Posteriormente,
por medio del embajador de México, conoció a Eva Duarte en
el teatro Maipú. En el año 46 acompañó a Eva y Domingo
Perón en sus campañas políticas e ingresó al Partido
Nacionalista Argentino, más tarde, de Los Descamisados. Su
suerte cambió favorablemente, tuvo muchos amigos y
estabilidad económica. Sin embargo esto pronto lo cansó y
así se fue de nuevo a convivir con los “crotos”, viajó al sur
hasta Comodoro Rivadavia. Fue a Mendoza y quiso escalar el
Aconcagua, pero no le permitieron el ascenso por carecer de
permiso e ir solo. Bajó de Paso de Mulas hasta el Cristo de
los Andes, donde pasó dos días de gran camaradería con los
oficiales de frontera chilenos y argentinos. Cruzó al lado
chileno, pasó por la Laguna del  Inca, Santiago y Valparaíso.
De regreso en la cordillera, y frente al Cristo Redentor, se
prometió volver a su patria. Tenía una deuda con su madre
que tanto le había pedido que volviera. Para ella nunca contó
el dinero que él le mandaba, sino  su presencia .

Habían transcurrido más de cinco años desde aquel  primer
impulso aventurero. Su misión estaba cumplida. Conoció todo
lo que pudo de este continente al que aprendió a querer tan
intensamente. Más adelante, la vida lo llevó por otros
derroteros: a la amargura de su regreso a México, le siguió la
posterior oportunidad en Venezuela y, con ello, estabilidad en
su vida, amagada en ocasiones por viajes de turista civilizado.
Y así, ya no regresó más a esa tierra que tan fría e indiferente
le pareció al principio, pero que tan cálidamente lo signó por
el resto de su vida.
“Quisiste
revivir  el polvo
que tus botas  por los
caminos  levantó, quisiste
saber qué era aquello que estabas  buscando.
Y no lo encontraste.
Pero la memoria recreada
por tu palabra abrió la puerta
de ese otro territorio, en donde buscamos,
en la medida de lo posible, nuestro horizonte de humanidad”.

  Evodio Frausto Valera   1914-2000